Pensando en el projimo
El Rebe de Liska, que solía firmar sus cartas con la frase 'uno que ama a su compañero', no pudo escribir esas palabras una noche porque se le caía la pluma repetidamente, hasta que descubrió que había rechazado recibir a un visitante tosco que había venido a verlo, y entonces mandó a buscarlo de inmediato.


