En el campo de Bergen-Belsen, un jasid húngaro llamado Reb Shmelke Schnitzler mantenía siempre el buen ánimo y de noche contaba historias e inspiraba a sus compañeros de barraca, incluso armando un minián para Shabat, hasta que se acercó Januca y él se desesperó por poder cumplir la mitzvá.